6.2.09
Influencias
14.1.09
Furia
Otro día de carnicería, de matanza indiscriminada; vacío, gris y enfermizo, infectándome con su pútrido olor a muerte.
Rasgo la ropa de mi adversario en la primera acometida; su furia, solo comparable a la de un titán, responde sin clemencia, directa a mis oídos. No puedo evitar pensar, mientras esquivo un segundo golpe, que quizás todo esto carezca de sentido. La guerra, los mundos, mi vida. Toda esta violencia, esta locura, no es más que una farsa, no puede ser real. Ah, pero olvido la furia...
Toda mi vida creí ser un ser pacífico. Una buena persona. Cuando pienso en mi pasado no puedo evitar sentir un escalofrío. Veo imágenes felices tan enternecedoras como irreales. La vida que creo mía se ha convertido en una película sin terminar. Y cuando acaba... El dolor.
Algunas personas se tornan débiles con el dolor. Se acurrucan en sí mismas pensando que nada les dañará, permitiendo que su miedo les impida ver las estrellas. Otras se fortalecen hasta el punto de perder su humanidad, otorgándoles el don de que nada les sorprenda y maldiciéndoles con la más absoluta soledad. El resto... Sucumbe a la furia.
La furia es el único sentimiento humano que podría asemejarse al amor. Salvación y perdición en un mismo filo. El único paso entre la locura y la iluminación. La furia te fortalece más allá de toda lógica, te obliga a dar un paso más. Te anima cada segundo, te empuja cuando has creído ver el final. La furia es tu amiga, tu amante, tu asesina, tu vida, tu muerte. La furia cobra forma en tus músculos, en tu carne, te mueve a voluntad. La furia te consume, te somete, te sustrae laidentidad. La furia torna en enemigos a los amigos y en rivales a los hermanos. No importan los lazos, no importan las almas. Cuando la furia te envuelve, solo importará su sangre en tus manos.
Kilómetros y años me separan de esos recuerdos, de ese dolor. Ahora sólo pienso en la sangre. Golpeo con mi rodilla el tórax de mi enemigo haciéndolo tambalear; el pitido de mis oídos no me impide percibir el grito de dolor que se escapa temeroso por entre sus labios. Una risa histérica inunda toda la estancia mientras uns ojos cargados de odio se acercan a mi. Recuerdo a este hombre, recuerdo su cara. Pero su expresión ya no es la misma, ha sucumbido a la furia.
Odia todo lo que le rodea, odia lo que aún vive en su interior. Odia lo que dejó atrás, lo que por fuerza olvidó. Odia a sus seres queridos, odia a sus antepasados, odia al hijo que nunca conoció. Odia el mundo por ser mundo. Lo sé porque también lo odio yo. ¿Qué importa lo que nos une? Fuera lo que fuera murió. Ahora somos enemigos, seres hechos para matarse, diseñados por un falso Dios.
Mis manos no son mías. No controlo ninguna articulación. Veo mi vida en tercera persona y me horroriza pensar que ese soy yo. Esquivo a mi antiguo amigo, compañero de armas, hermano, y por más que lo intento no logro sentir piedad. Una sed de sangre indescriptible recorre mi cuerpo, disparando por todo mi organismo toneladas de deliciosa adrenalina. Un duro golpe en la mandíbula y al segundo su cuerpo a mis pies.
Bosco, así solía llamarse, suplica clemencia mientras mis manos se posan sobre su cara. Reconfortado por mi tacto, comienza a llorar recordando tiempos pasados. Recuerda cuando nos conocimos, cuando nos enfrentamos. Recuerda aventuras de niños y cuando más tarde nos alistamos. Recuerda una guerra que nunca existió y el fin de todo lo que habíamos conocido. Recuerda un tiempo en que fuimos amigos y a la persona que yo era. Pero todos esos recuerdos son lejanos, pertenecen al pasado. Y los dos odiamos el pasado.
Aprieto su cara con la palma de mis manos mientras mis dedos penetran sus globos oculares. Un alarido desesperado es arrancado de su encharcado pulmón mientras retiro con fuerza mis manos de su rostro. Dejo caer sus viscosos ojos al suelo mientras me preparo para el golpe final. Sajar la garganta con mi cuchillo sería lo más fácil, pero la furia me insta a que haga algo más; la furia quiere sangre, se tiene que alimentar. Mi mano desnuda penetra su abdomen al tiempo que sus cuencas vacías se posan en mi. Durante un segundo es consciente del fin. Tirado en el suelo, mi amigo yace muerto en un charco de sangre. Aún conservo sus tripas entre mis manos cuando descubro la gran verdad. El sentido de esta lucha, de esta miserable existencia. Vislumbro el porqué de toda esta sangre, de aquello en lo que me he convertido. Mi objetivo, mi vida, se ven claras como un espejo pulido, mas el reflejo que me devuelve me arrastra a la locura, a un indescriptible horror. Ya todo carece de sentido, pues no hay nada que pueda hacer yo. De pronto todo se apaga, se desvanece como un recuerdo que jamás ha existido, y todo lo que ha pasado desaparece con él.
Todos estos recuerdos, todas estas vivencias, borradas de la vida misma por una mano inmisericorde que jamás pensó en nuestro corazón. Ahora reposo solo, muerto en el vacío, consciente de mi inexistencia. Únicamente la conciencia de la resurrección coleta en mi mente. Ajena a mi ausencia de corazón. Y una vez más el ciclo comenzará, lanzándonos a la destrucción, pues es nuestra naturaleza matarnos sin ninguna razón.
10.12.08
Identidad
26.11.08
Desde mi Glotis
Justo cuando pensaba que ya nada podría sorprenderme, el destino me torna en mensajero cual Metatrón difundiendo la palabra de Dios. ¿Pero quién es ese Dios? ¿Él te ama? Naaaaaaaaaa... Si te amase, si realmente tuviese un plan para ti, no existiría la basura en el mundo.
Hermanos, nos reunimos hoy aquí para contemplar cómo la divina providencia trajo a mis manos un noble ejemplo de lo bizarro. Sí hermanos, lo bizarro. Esa especie de nausea que rezuma de tus labios; ese olor a putrefacción pegado a tu tabique nasal; el chasquido de un látigo castigando tus entrañas. Lo bizarro nos rodea, nos atrapa, nos envuelve. Lo bizarro nos fascina...
Débiles de mente, absteneos de continuar.
No os ofrezco la gloria. No os prometo elevación. Mi mensaje no busca el cielo. ¿O sí? ¿Ya lo estáis sintiendo verdad? Es la curiosidad. Un relámpago surgiendo de tu apretado esfinter en una loca carrera a través de tu espina dorsal. Los dedos tiemblan. Morbosos... Os atrae la idea de ver algo diferente, extraño, vulgar. Cabrones...
Algunos no lo entenderéis. Es normal, demasiado dantesco; pero no me odiéis hijos de Caín, sabed que mis motivos son puros. Sólo busco vuestra liberación, vuestro salto a la dicha de quienes no tienen nada que perder. Recordad que cuanto más bajo caigáis, más alto volaréis. Disfrutadlo mis pequeños drugos, pues toda la basura de este pútrido lugar será vuestro legado.
Que aproveche.
2.11.08
Reflejos
El reloj marca las tres mientras el humo de un pitillo colorea tenuemente la pantalla en blanco del ordenador. Siempre he creído que el texto anterior era más fácil que el presente, pero como siempre me equivoco. Una línea vertical parpadeante me recuerda una y otra vez lo mediocre que resulta la falta de inspiración, mientras mi corazón clama justicia por todo lo que desea expresar, todo lo que mis dedos se niegan a transcribir. Cada texto, cada palabra, es un mundo, un reto, un prueba de mi ser. Apago el pitillo intentando ordenar mi ideas, intentando retornar a algo que recuerdo sencillo, pero que nunca lo fue. Un folio en blanco es como un espejo lleno de vaho a la espera de que una mano poderosa devuelva el reflejo de quien sen encuentra frente a él.
Reflejos. Cuanto los necesitamos y cuanto nos abruman. Cuanto los odiamos y cuanto los seguimos. Corremos tras el reflejo de nuestro alma en la persona amada, pero huimos del reflejo de nuestros propios errores. Buscamos el reflejo de nuestras acciones en los ojos de la gente, pero atacamos el reflejo de lo que no queremos ver, pese a ser nosotros mismos. El reflejo es la heroína del corazón.
Muchos de vosotros me preguntáis porqué os he abandonado, porqué no he vuelto a escribir, porqué algo que había empezado como un acto de rebeldía, de inspiración, había terminado. Porqué Jabón tuvo que morir.
Pero no murió. Jodeos…
Este no soy yo, este es mi reflejo; y cuanto más lo leo más me gusta; y cuanto más lo miro más lo odio. Cada palabra que escribo me acerca más a la victoria. Cada letra que pulso es otro paso a la derrota. Pasen y vean, Zorras Mías, el auge y caída de quien se creía un Dios. Pasen y vean, Espectadores, mi reflejo, mi alma, mi ascenso y mi perdición.
Disfruten de mi declive, Señores Míos, que yo reiré con mi resurrección.
24.7.08
Combates Nostálgicos
Por todo esto y mucho más que guardo en mi corazón, aquí os dejo el trailer de la nueva maravilla de CAPCOM. Para todos aquellos que tras tres palabras supieron de qué estaba hablando: Vividlo hermanos. Para el resto: Adelante, no muerde, pero tened cuidado... Puede llegar a enganchar.
22.7.08
Summer in the City
Una mañana más de un verano más. Camino por las calles aun desoladas hacia la misma biblioteca de siempre como el viejo aventurero revisando un antiguo códice que se sabe de memoria. Las gaviotas gritan poseídas ante el pensamiento de un banquete sazonado por el olor desagradable de la marea bajando. Vuelan a ras de suelo aprovechando las aun templadas corrientes de la mañana en forma de danza torpe y errática. Se pelean sin ningún pudor hasta que mis pies se encuentran a menos de un metro de ellas y levantan de nuevo el vuelo propugnándome insultos en una especie de jerga ornitológica.
El sueño, excedente recurrente de una noche intranquila, se debate en mi cabeza y cuerpo con la brisa veraniega obligándome a decidir sin demasiadas opciones el curso de ese nuevo día. Resulta curioso la capacidad que tiene el cuerpo de buscar sustitutos a la penumbra cuando ésta no ofrece ni el aliciente del descanso.
Un mal cigarrillo comienza a quemarme en los labios cuando su cabeza decapitada se precipita sobre la acera recordándome el acto de un mal vicio. Ni siquiera recordaba que estaba ahí...
El verano es para muchos, por no decir la mayoría, una época de descanso y tranquilidad. No les quito ni la más mínima parte de razón; ese debería ser su cometido, sin embargo en mi caso es diferente. El verano en Ferrol suele ser lo más parecido a una vida organizada que tengo a lo largo del año. No es que me queje, pero nunca consigo acostumbrarme del todo. Cualquiera que me conozca sabe lo cabeciña loca que soy, lo caótica que es mi vida, mi existencia, y por ello comprenderá cómo un par de meses de realidad pueden agotar de tal forma mis reservas vitales. Al contrario del resto de los mortales mis vacaciones siempre acaban el 31 de junio para empezar de nuevo el 1 de octubre. La verdad es que nunca me pareció mal sistema, pese al sueño que conlleva. Aún así no nos engañemos, no está del todo mal. Cierto es que a la larga pasarse los meses más calurosos del año sentado en una silla con la cabeza llena de pájaros desalentaría incluso al más macho, pero ¡que coño! El resto del año se vive como dios.
Ferrol apesta. Sus calles decadentes fusionan con aberrante maestría edificios decrépitos, aceras recién reformadas, adoquines sucios y rotos, comercios ingenuos y modestos y la mayor cantidad de purria que me he topado en toda mi vida. La gente, curiosamente, tiene una extraña tendencia al mongolismo, seguramente fruto de un orgullo inconsciente hacia lo que este montón de estiércol un día fue y que nunca volverá a ser. Toda la ciudad parece moverse al unísono hacia su propia destrucción como una bandada de las pestilentes gaviotas que la reinan dirigiéndose a morir a alta mar.
Ante este panorama propio del siglo XIX (época en la cual parece haberse estancado), Ferrol ofrece menos alicientes que una Vetusta descrita por telégrafo. Cuando la vida te obliga a pasar dos meses al año en el lugar de mundo más parecido al ojete de Satanás la biblioteca no parece tan mal refugio. Sin embargo siempre ha habido algo que la ha salvado; el mayor orgullo de cualquier ferrolano que se precie, la joya de una corona carcomida por el óxido: la playa.
La playa en Ferrol es lo más parecido a una religión que puede haber por aquí. Día tras días manadas de gilipollas compuestas de subnormales autóctonos mezclados con ruidosos forasteros que se creen la ostia por no haber escogido Almería para comprar su refugio estival, se lanzan como locos hacia una maravilla de la naturaleza que inexplicablemente surgió junto a la ciudad más fea del planeta. Y no solo una, ojo, porque aquí somos así de chulos y tenemos playas para dar y tomar. Un perfecto conjunto de arena fina como crema desparramándose vivaracha ante un bravo océano (que no mar ni ría). Podría pasar horas hablando de mis queridas playas, sin embargo esto solo traería como consecuencia enturbiar dos cosas sagradas: este mal texto con una belleza que no merece y la propia imagen de esas maravillas de las que un día, puede que pronto, con más calma os hablaré.
De momento disfrutad de mi alegre desdicha en este pueblo marinero que un día tuvo el honor de llamarse ciudad; donde antaño reyes y gentes de buen ver reposaba sus huesos nada cansados frente a unos muelles que traían a España maravillas del mundo exterior; cuna de políticos, escritores y dictadores; una pequeña parcela del universo condenada al fracaso a golpe de ostia de quien no la conoce y quien no la ama. Ferrol, posiblemente uno de los peores lugares del mundo civilizado, posiblemente el mejor ejemplo de una comunidad condenada a la extinción. Ferrol, posiblemente uno de los lugares que siempre llevaré en el corazón…